“Si me deportan, ya no me importa”

El mail lo envía P. desde EEUU, horas antes de emprender el vuelo de regreso a España. La frase es la versión cosmopolita del “que me quiten lo bailaó”, y corro a atraparla porque la encuentro muy de letra hip-hopera y quién sabe lo que una será en la próxima reencarnación.

Mi cuñada ya ha pensado en eso y ha elegido para mi hermano una futura esposa ideal en caso de que a ella le pase algo o se desoriente reencarnada en cabra montesa. La idea me parece tan práctica como chocante, dado que la elegida es amiga de ambos, y me hace recordar a la dulce Melania de “Lo que el viento se llevó“, que en su lecho de muerte le pedía a Scartett que cuidara de “su Ashley”, ese paliducho sin sangre por el que la otra suspiraba sin saber que como marido hubiera sido un tostón y como amante un quiero y no puedo tan contenido como desapasionado.

A veces uno espera lo que no puede tener justamente por eso. Es el síndrome Scarlett O´Hara y me lo acabo de inventar. Pasa en el amor y funciona como un acicate venenoso. En esos casos lo que mueve el sentimiento es la desesperación de la búsqueda, la pulsión de caza. Pero si sucede la desgracia de lograr la pieza, el sistema se desploma. ¿Y ahora qué hago yo con Ashley?

Cuidado con lo que deseas. Al parecer la frase es de Oscar Wilde. El mismo que dijo que “hay dos clases de mujeres, las feas y las que se pintan”. Las feas, de toda la vida, han sido más libres. Parten con la ventaja de saber que sólo pueden mejorar. Las guapas, sin embargo, sobreviven condenadas a la certeza de que el tiempo ejecutará sobre ellas su ley despiadada y perderán ángulos, brillo en la mirada y lozanía. Scarlett O´Hara vivía endemoniada por eso. La feúcha Melania había ganado la partida.

Alimentar el deseo de lo imposible, que es a lo que vamos, genera estrés y desazón. Con los años y la experiencia aprendes que lo más recomendable es sustituir un sentimiento por otro. O, en su defecto, postergarlo. El “mañana ya pensaré” de mi heroína del Sur  cuando Rhett Butler la abandona loco de amor pero convencido de que quedarse a su lado es un suicidio, una capitulación de sí mismo inaceptable y venenosa.

(A veces uno tiene que pedir ser deportado voluntariamente de un país donde no le quieren, donde no le van a querer nunca, y explorar otras fronteras libres de visado y de molestos y humillantes interrogatorios)

Lo demás es masoquismo y literatura rosa y barata de quiosco. Y debo hablar con las Chukis de este asunto en cuanto regresen de sus vacaciones.