No voy a morir ni aunque me maten”, dice Berlusconi. Porque él está muerto sin saberlo. Como “Los Otros” de Amenábar“. Como Bruce Willis en “El Sexto sentido”.

La condición de muerto a menudo es ajena al propio muerto. Un médico firma tu certificado de defunción. Un enfermero te cierra los ojos y hay quien se ocupa de desconectar los tubos, extraer las sondas y sacarte de la habitación para llevarte a una cámara fría que no te estremece. Otros dicen: “Se fue, ha muerto”. La muerte es una experiencia de terceros. Un subarriendo. La externalización llevada al paroxismo.

Querido Silvio,  me sorprendo admirando tu discurso por primera vez. Representas todo el registro de bajezas humanas. Eres sórdido, rijoso, mentiroso, avaro, corrupto, un payaso en la corte con el pelo trasplantado y teñido de marrón clarito. Pero hueles a muerto aunque tú no lo sabes porque has perdido el olfato asomándote a demasiados escotes encharcados de perfume barato.

Morir es una forma de quedar en manos de otros, se me ocurre. De esperar la sentencia final. No suele ser una decisión voluntaria. Hay presidentes de compañías que huelen a cadáver y esperan el empujón definitivo. Hay cadáveres bien enterrados que no se van de tu vida jamás por lo que te dijeron, lo que te escribieron, lo que te cantaron. Lo que te amaron.  La eternidad es la capacidad de dejar una huella limpia en una playa. El infierno es el vampiro Berlusconi que no está vivo ni olvidado. Esa muerte de verdad.

Berlusconi cadáver

“Querido Carlos Herrera: Por primera vez no puedo culpar de mi ausencia a
la desidia, ni alegar que una monada ciega de Denver me salió al paso y
sin motivo alguno se encaprichó conmigo. Tampoco me servirá de excusa
la vieja historia de cuando era un niño muy delgado y el viento al
azotar me levantaba del suelo y me cambiaba de acera, de raza y de familia”

Ayer D. me envió la columna que José Luis Alvite había publicado en La Razón. Una estremecedora carta en la que sin renunciar al fino humor confesaba que el cáncer se lo está llevando. El texto es de una belleza extraordinaria: “Cáncer de cólom y cáncer de pulmón (…) Fue algo desproporcionado, como encontrar un centollo en el interior de una almeja”.

A veces encontramos un centollo dentro de una almeja y se nos atraganta. A veces vemos centollo donde sólo hay almeja y se nos atraganta. Morir es elegir la almeja envenenada, se me ocurre. Y morir con dignidad es contarle a un amigo que te vas. Apuntarlarte en su memoria para siempre con un dolor tan verso y destilado que hará llorar incluso al que no te ha conocido. Y te resucitará cada vez que te lea y te relea.

 “Ojalá pueda volver a tu lado. Y si no vuelvo, por favor, piensa que fue sólo porque me empeñé en el estúpido sueño de llegar por ferrocarril a una ciudad sin tren”