Soy periodista, escritora y me dedico a comunicar a través de relatos (storytelling). Ahora soy Dircom en Merck. Nueve años subdirectora de Vanity Fair y otros cargos de gestión de equipos y contenidos durante más de dos décadas. Formo parte de grupos de liderazgo y me interesan los temas que tienen que ver con la mujer (sin prescindir del hombre). También he colaborado con Naciones Unidas (FAO) y gracias a ello entiendo que la sostenibilidad y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son la verdadera religión. Mis opiniones aquí son sólo mías.
Aquí cuento lo que veo, lo que leo, lo que escucho, lo que vivo, lo que pienso y lo que imagino. Soy optimista y aprendo rápido.
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(Warning: imprescindible leer este post con la música adjunta a buen volumen)
A veces el talento es reconocido y premiado. Otras veces duerme a tu lado sin que lo sepas y muere sin darse un baño de gloria una tarde de junio pegajosa y diletante.
Searching for sugar man es lo mejor y más emocionante que he visto en mucho tiempo. Un documental que se te apodera desde que suenan las primeras notas de la canción que le da nombre. LahistoriadeunmúsicodeDetroitquevivedécadasajenoasucondicióndemitoen laSudáfricadelapartheid. Un tipo que tras publicar dos discos sin pena ni gloria vuelve a su trabajo en la construcción. Mientras, su leyenda crece imparable a miles de kilómetros, reforzada por el misterio de su vida y la fantasía de un suicidio en directo en pleno concierto.
No desvelaré más. Diré que mi vida habría sido un poco peor de perderme esta historia deslumbrante contada por el talento de un director para mí desconocido (lo cual tampoco es raro), llamado Malik Bendjelloul. Con su cámara te lleva de CapeTown -donde arranca la búsqueda de SixtoRodríguez (así se llama nuestro hombre)- al Detroit más underground y decadente.
“Él tenía ese tipo de cualidad mágica que todos los poetas y artistas
genuinos tienen: elevar las cosas por encima de lo mundano, lo
prosaico. Toda la mierda. Toda la mediocridad que está en todas partes. El
artista, el artista es el pionero”.
Diagrama de la suerte
Pasé toda la película deslumbrada por frases como esta. La perfecta definición del artista. Elartistaeselpionero. Y luego están esos otros, los mercaderes, que a veces lo impulsan y lo hacen rico y otras permiten que caiga en el olvido y engordan aún más su saca y su avaricia. La discográfica de Rodríguez vendió millones de copias de ColdFact (1970) y Comingfromreality (1971) en Sudáfrica, donde sus letras eran censuradas con rayones en los vinilos. Y mientras, en Estados Unidos un hombre llamado Rodríguez se arrastraba como un vagabundo sobre la nieve convencido de su fracaso como músico.
El talento requiere que alguien lo detecte para salir de su zulo. Requiere que ese alguien se lo cuente al mundo. Y que sea en el momento y el lugar adecuados, eso que llamamos la barakah. Avecesunchispazonoencuentraleñasecanibrisaparaserfuego. Y se apaga y el mundo se lo pierde. Otras veces, con mucho menos, un mediocre se alía con un prestidigitador de emociones y se convierte en el éxito. Lo vemos a menudo y no lloramos. La fama, eso tan etéreo, no entiende de justicia.
“Lo que Rodríguez demostró, muy claramente, es que tú tienes una opción. Él
tomó todo ese tormento, toda esa agonía, toda esa confusión y dolor, y lo
transformó en algo hermoso. Él es como un gusano de seda, ¿sabes? Coges esta
materia prima y la transformas. Tú sales con algo que antes no estaba allí.
Algo hermoso. Algo tal vez trascendente. Algo tal vez eterno”.