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El planeta de los simios |
(Cuando todo esto pase -dijo ella- tendremos que volver a mirarnos y tratar de reconocernos en un espejo roto en mil pedazos. ¿Quién es ese?, ¿quién diablos era ese?).
Madrid, exterior noche, calles desérticas, gente en los bares. Las teles encendidas, los gritos ahogados en las gargantas. Cara o cruz.
-Echo de menos un análisis anatómico forense de la crisis.
-¿Qué quieres decir?
-Las tripas al microscopio, quiero decir. Qué encontrarán los cirujanos que abran con afilados escalpelos los cadáveres que se amontonan al pie de los edificios.
Los periódicos nos cuentan a diario los cambios de hábitos que dicta la catástrofe, pero no sé si alguien se está parando a pensar qué nueva humanidad aguarda tras el deshielo y la extinción de los dinosaurios que fuimos. Qué fue de la arrogancia, de las mantas de mohair en el invierno. Qué fue de la compasión y de la rabia. Cómo la fragilidad nos convirtió en zombies sobre un campo de minas. Qué amigos nos sostuvieron, nos impulsaron, nos zarandearon y qué otros corrieron a ocultarse en el armario para evitar que el lobo se los zampara. ¿Fuimos valientes o nos embriagamos en nuestra soberbia para no ver más allá y seguir bailando al son de una orquesta de cenizas?
Anoche, Cibeles. Esperando a Godot |
Qué empalizadas se demolieron. Qué certezas sobre uno se las llevó el viento. Cuánto de artificio tenía nuestra casa, nuestro refugio. Cuánto amor estalló y cuánta solidaridad fue derramada.
(Si las lágrimas de otros nos encharcaron o nos volvieron gacelas cobardes en busca de un techo seguro, al resguardo de la lluvia).
Tendremos que pensar en quiénes fuimos y en quién es ese que se levanta un día y le sobra hueco en los zapatos. Considerar la oportunidad que esconde la derrota. Salir desnudos al asfalto como a la nueva tierra prometida. Perdonar, pedir disculpas, recoger las migas y montar un banquete con las sobras.
Anoche alguien que me quiere me dijo cosas muy dolorosas y certeras. Luego me abrazó y caminamos mucho rato por las calles de una ciudad dividida entre Cibeles y Neptuno. Uno de los dos equipos caería en minutos. Morituri te salutant. Los focos potentes frente a Correos parecían robots de Star Wars. Ellos aún no lo sabían, pero no se iban a encender. Tanto trabajo de montaje, tanta valla de seguridad, tanto suspiro ahogado y para nada.
Anoche Mourinho quedó herido de muerte en la cuneta de la Castellana como Goliath tras la pedrada. Y Simeone cenó a la mesa de los dioses. A veces la historia destrona al rey y ensalza al mendigo. Y el rey se levanta tambaleante y entiende que el azar puede dar un vuelco a su relato tontamente. Como morir partido por un rayo o de un golpe de calor.
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David y Goliath |
-Cuando todo esto pase espero haber aprendido la lección.
-Esto ya está pasando. Despierta.
Anoche me tocó escuchar cosas que duelen, pero quien me las decía brindaba conmigo y un vino delicioso en un restaurante coqueto para enamorados. Luego me llevó en volandas por las calles desiertas de esta ciudad que amo y que se daba tregua y alivio con un partido de fútbol. Sentí más que nunca que un amigo es alguien que no te baila el agua pero te hace el boca a boca si te ahogas.
(Cuando todo esto termine -dijo ella- seremos otros y espero que mejores).