Corrijo, casi exclusivamente, en el momento de la creación: por contención, por eliminación, por búsqueda y por espera”

 Ayer mi amigo B. me alegró el día con un regalo excepcional. La Obra Completa de Blas de Otero (Galaxia Gutemberg) en un tomo elegante y pesado que no pude evitar ojear de vuelta a casa.  Había poemarios -ese Ángel fieramente humano– reflexiones y -sorpresa- entrevistas en las que el autor se descubría como un hombre fascinante y poliédrico al que me hubiera gustado conocer.

De toda su generación, que estudiábamos en el cole, Blas de Otero siempre me resultó el más lejano, el menos sexy. Poesía social, política. Soga y esparto cuando eres adolescente y prefieres a los poetas del amor, el desencuentro y todos los sentimientos al rojo vivo.

Hay que escribir a favor del viento, pero contracorriente“.

Mientras atacábamos un delicioso steak tartare, B. me contaba que en su casa los libros de poesía siempre estuvieron en el estante de arriba. Había que hacer un esfuerzo por llegar hasta ellos. La vista jamás tropezaba en ese lineal donde se amontonaban los clásicos y los novísimos. 

Pensé que el estante de arriba es una buena metáfora porque habla de un lugar pegado al cielo, al que sólo se llega con esfuerzo y el premio suele ser extraordinario. Los poetas son seres de otro mundo (o cursis redomados cuando son malos poetas, que también los hay). Y para apreciar unos versos hay que ponerse de puntillas, estirar la mente y dejar que las palabras choquen en nuestra cabeza y provoquen algún estremecimiento en nuestro corazón.

PIDO VIVIR

“Pediría vivir, si me viniesen
con cielos, pervivir, en carne viva,
en cal hirviente, en pie, patas arriba,
pero vivir, seguir, aunque se hundiesen


cielos y mar…Es más que en cielos, es en
la tierra, aquí, con cal y huesos, iba
diciendo, y permitid que hasta lo escriba,
donde -vuelvo a decir-:Si me viniesen…


¡Si es que no escuchan…!Lucho contra el viento,
tropiezo con el aire:aquí no queda
en pie, más que un airado abatimiento.


Oh torre de cristal, oh tiro raso
atravesando mi broquel de seda.
Golpe brutal de Dios contra mi vaso.

Anoche decidí que leeré un poema diario antes de apagar la luz, como pastilla prescrita por el médico.  A veces hay que leer contracorriente, pensé parafraseando a mi nuevo poeta redescubierto. Después puse su libro en mi pirámide y me planteé expulsar a dos o tres antes de morir en un derrumbe de letras cualquier noche. Mi ángel doméstico ha decidido claudicar después de insinuarme varias veces que convendría trasladar esos libros a un estante. Como dios manda.

A mí dios no me manda eso. Me manda que no pierda el tiempo en afanes vanos, en autores sin talento, en encuentros vacíos y en manos que no me estrechan ni me acogen. Contención. Búsqueda. Espera. Eliminación.

-¿Le debes económicamente algo a la poesía?
-Si, en el pasivo. Muchísimo.

Además de excelente poeta, parece que tenía un fino sentido del humor.

P.D. Gracias B. por tantos libros y tantos buenos ratos comentándolos. La amistad son letras con steak tartare y una copa de vino. Poesía pura.