Querida Big-Bang:

El otro día me porté como una vulgar gruppie con cierto ministro. Te lo digo por si lo acabas leyendo en el BOE o de repente te topas en Internet con una foto en la que el hombre y su corpulencia vasca sonríen al lado de una pava con mechas, arrobada, con cara de estar junto a Mick Jagger en mallas.

Dicho queda, ahora no me vengas con que te oculto mis perversiones de alcantarilla. Sí, hoy me he levantado con ganas de confesarlo todo, como Tita Thyssen en el Hola, y ahí te van algunas de mis hazañas por si te quedaste corta en el diagnóstico y crees que debo tomar alguna otra pastillaca:

1-Una noche tuve un sueño subidito de tono con Rajoy. La cosa es que nos montábamos un trío él, Camps y yo misma, un poco cohibida hasta que mi amiga C. se me aparecía diciendo su frase de cabecera: “A esta edad, los polvos están contaos. Y da gracias porque no se os ha unido la Cospedal, nena”.

2-Durante años mis amigas y yo nos perfumamos de gratis en el Corte Inglés de Princesa. La operación consistía en entrar con cara de disimulo, dirigirnos al estand de Lou-Lou y al grito de “Oui, c´est moi” vaporizarnos de arriba abajo y salir corriendo. La peste dulzona duraba sus buenos tres o cuatro días si te duchabas entre poco y nada.

3-Estuve suscrita al Súper-Pop tres temporadas. Al mismo tiempo que me chuleaba de leer a Albert Camus me ponía hasta las trancas de consejos sobre cómo ser tan arrebatadora como Rafaella Carrá o:”los leggins, modo de empleo”.

4-Hace un lustro que no entro en la talla 36. Y en la 38 tampoco después de un cocido. Pero cuando una trabaja en un sitio elegante donde por contrato no se pueden rebasar esos dos dígitos hace de todo, incluido coser etiquetas falsas extraídas de la ropa de su hija cañón y adolescente (la jodía).

5-Llevo dos implantes dentales. Siempre he sido famosa por la blancura de mis incisivos y estoy dispuesta a todo, incluyendo el enjuague con sosa caústica, para perpetuar mis galones. A mí la broma del implante me costó 3000 euros y tres noches en blanco. Parecía que me los hubieran atornillado al páncreas. Pero vaya si valió la pena…

Hala, vamos a dejarlo por hoy que cuando cojo carretilla no tengo regreso. La última vez que me dio por contarlo todo me metí en líos y creo que los escoltas del Sr ministro andan siguiéndome para borrar las pruebas del delito. No saben que soy una tumba.