Se publica hoy con un estilo zafio un artículo titulado “Cinco estilos de mujer que a los hombres les parecen detestables”. Lo firma una mujer, compruebo, que debe tener línea directa con cuatro o cinco mil voluntarios o, peor aún, ha volcado sus propias intuiciones y prejuicios en frases tan elaboradas como estas:

Cuando una mujer sale de la ducha envuelta en su toalla y abre de par en
par las puertas de su armario, escudriñándolo fíjamente, miles de
factores revolotean por su veloz cabeza. Si la opinión masculina fuera
uno de esos factores primordiales, la mujer en cuestión se quedaría así,
en toalla (al menos en verano). Pero no
“.

Los factores, a su entender, son como mosquitos o aves carroñeras. Fijamente no lleva tilde, guapa. Quedarse en toalla no estoy segura de que sea una fantasía para todos; de hecho muchas mujeres mejoran con ropa. Y de la ducha se sale desnuda, me parece. La toalla viene después. ¡Ah, y cuidado con los gerundios de posterioridad!.

La mujer matutina calibra la temperatura del ambiente“. ¿Qué es la mujer matutina? ¿Hay una mujer vespertina? ¿Cuando saca el calibre suelta la toalla?

Desde luego hay una mujer tópica y esa eres tú.

Pero como estaréis deseando como yo saber si pertenecéis a alguno de los cinco perfiles malditos, no voy a haceros esperar más:

1. Estilo femenino-infantil-floral.
“Es una mezcla entre la casa de la pradera y una
estudiante parisina de esas que van sobre una bici y ni se manchan con
la cadena ni se despeinan con el viento. Así. Todo muy mono. Ellos las prefieren mujeronas (por lo general)”.
Te aseguro que algunos las prefieren infantiles, alocadas y sumisas. La mujerona asusta y no es apta para inseguros. Que los hay. Y hay hombres seguros con mujercitas (ita, ita)

 

2. El look abuela. A mucha honra, probablemente. Pero ellos las prefieren jóvenes (casi siempre). Pero esos que sólo quieren carne fresca no nos interesan, ¿a que no?

3. Demasiado masculinas. Corremos el riesgo de parecer una rancia profesora de universidad al
borde de la jubilación o una bibliotecaria.
Mucho mejor que parecer una descerebrada. Y serlo.

4. Muy hippies. Naturalidad a más no poder y un rollo entre Aladín y Jasmine y Adán y Eva. No obstante, ellos las prefieren rasuradas (a veces). Y a veces no. Veo que eres de la cofradía del pubis de púbere. Pues que sepas que la depilación láser no tiene vuelta de hoja. Y las pelucas en la cabeza pican, conque ahí…

5. De un sexy malentendido. Los hombres odian todo lo que no pueden desabrochar. Reconozco que la sentencia tiene gracia. Pero yo también prefiero lo desabrochable. A veces los sujetadores provocan contracturas. Y a menudo una se desnuda sola.

Este estilo Cosmopolitan de periodismo de entretenimiento ha conseguido irritarme. Menos mal que en dos horas estaré con mis compañeras del curso de Liderazgo. Mujeres sólidas y atractivas que prefieren amueblar sus cabezas de factores contundentes, ahora sí, y que no se visten para atrapar hombres sino que los seducen con su forma de estar, con sus palabras. Con el humor inteligente y poco dado al topicazo salvo para reírse de esas bobitas (y bobitos) que nos prefieren etiquetadas. Manejables.  Desnudas de imbecilidad.